Sobre 8.000m. a Máxima Velocidad

ALCANZANDO LA CUMBRE DE Mi 4to. 8 MIL

En el Campo 2 a 7000m.

Continuando con el relato del ascenso en estilo alpino directo al Mt. Shishapangma, esto es, ascender sin haber preparado la vía y tampoco aclimatado previamente. En el anterior relato les comentaba que después de haber esperado buen clima por largos días en el campo base, y teniendo presente que tal vez ibamos a tener solo una ventana de pocos días de buen clima, decidimos con Rafael hacer un ataque alpino directo a la cumbre, así que salimos del campo base rumbo a la cumbre.

Apenas llegué al C1 algunos montañistas se enteraron de nuestros planes para hacer un ascenso alpino directo  sin haber preparado la vía, ni aclimatado, situación que era muy rápida para ellos que ya estaban aclimatando más de 3 semanas, entonces vinieron a mi muchos de ellos como profetas de los malos augurios, a presagiarme las peores desgracias por intentar un ataque alpino directo sin aclimatación. Yo ya había pasado algunas veces por esa situación en mi anterior ascenso al Everest y también en mis anteriores 8 miles, de manera que hacia oídos sordos. Me presagiaban las 7 plagas de Egipto para el C3 y peor para la cumbre, especialmente por la falta de aclimatación y la escases de oxígeno arriba de 7 mil metros. Yo respetaba mucho su opinión y en el fondo, tanto yo, como Rafael, estábamos decididos a desistir y regresar inmediatamente en el momento que sintiéramos cualquier problema relacionado a la altura.

De esta manera comenzamos a armar nuestra carpa en el C1 a 6400m, allí dormimos sin mayor problema, esa altura es normalmente nuestro campo de trabajo acá en Ecuador. Lo que realmente nos tenía muy pendientes era lo que venía al siguiente día, una noche en el C2 a 7.000m., sin previa aclimatación y más aun, luego, continuar subiendo, en lugar de bajar a descansar como normalmente hace cualquier cristiano después de haber alcanzado semejante altura. 
Nos habíamos planteado hacer un ataque directo desde el C2 a 7000m, hasta la cumbre a 8013m, con un pequeño descanso de horas en el C3 a 7400m, esto, debido a que una extendida permanencia a 7.400m en el C3 es muy extenuante, especialmente por la falta de oxígeno, y más aún para nosotros sin una previa aclimatación.

Campamento 2 a 7000m.

Ya en la carpa en el C1, cavilábamos y planificábamos estratégicamente cómo serían los siguientes días, los cuales iban a ser extremadamente demandantes. Luego de realizar un bosquejo de nuestro itinerario, dormimos sin mayor inconveniente. Rafael como siempre, duerme como una piedra, así sea en la altura. Yo en  cambio desde que tengo uso de razón, ni a cero ni a 2.800m., soy buen dormir. Creo que siempre me ha gustado más, soñar despierto que dormido, y peor aún a 7.000m., a esa altura dentro de la funda de dormir, “el ipod” es mi mejor amigo, tengo unas 50 películas, más de 30 Gygas en música, fotos (no precisamente de montañas) y distintos audiolibros me ayudan a matar la noche cuando no puedo conciliar el sueño.

Hacia 7000m el C2

Al día siguiente esperamos que salga el sol para prepararnos y subir al C2. Así lo hicimos. De la misma manera que la anterior jornada, llegué al C2 a 7.000m, y luego Rafael. Estábamos muy bien. Conocíamos muy bien esa cota muy similar a la cumbre del Aconcagua, donde habíamos estado un sin número de veces, claro,  sólo por 10 ó 15 minutos. Pero ahora la situación era diferente, a partir de este momento íbamos a hacer algo que nuestra fisiología no conocía: permanecer una noche a 7000m y luego seguir subiendo hasta 8000m sin haber pasado por un proceso de aclimatación. Yo me sentía igual, ¡fantástico! Pero sabía que mi organismo aún no filtraba lo que estaba sucediendo y rogaba que mi organismo continúe estable. Rafael igual se sentía excelente, habíamos tenido una gran preparación en nuestras montañas, lo cual nos ayudó tremendamente.

Armamos nuestra carpa, luego comimos algo, yo siempre el doble de lo que come Rafael. Y así fuimos “al sobre” (funda de dormir). Rafael como siempre zzzz.. inmediatamente, pero no duró mucho su gran sueño. A 7000m de altura hasta el implacable  sueño de Rafael se vio afectado. Luego de un par de horas, él ya no pudo dormir más y yo peor. Nuevamente mis películas y música salvaron la noche. Rafael también con su ipod escuchaba a sus interpretes favoritos. Así llegó el amanecer y una vista impresionante del Shishapangma. Continuábamos sintiéndonos muy bien.

Proyecto "Everest en 1 día

Hacia la cumbre del Mt. Shishapangma

Hacia 7400m el C3

Otros montañistas muy temprano ya se preparaban para subir al C3 a 7.400m., La ventana de buen clima duraba sólo unos cuantos días, de manera que estábamos intentando atacar la cumbre casi la mayoría de escaladores que estábamos en la montaña, un número aproximado de 16. Nosotros habíamos decidido salir directamente desde el C2 a la cumbre con un pequeño descanso en el C3. De manera que pasamos todo el día relajados y descansando bonito en el C2, para luego subir en la noche directo a la cumbre. La idea era que Rafael salga 4 horas antes que yo, llegue al campo 3, descanse 2 horas y prosiga a la cumbre, siempre con 4 horas adelante de mi. En la medida de lo posible queríamos llegar juntos a la cumbre. Él es extremo fuerte, pero era también su primer 8 mil en ataque alpino. La expectativa que teníamos era bastante grande, más que buen clima, rogábamos que nuestros organismos no se vean afectados por la altura, ya que un pequeño malestar podía significar el final y tendríamos que descender inmediatamente. Habíamos coordinado con Jangbu (nuestro amigo Sherpa que nos estaba brindando ayuda)  para que él nos permita tomar un pequeño descanso en su carpa en el C3. La idea en teoría era que Rafael llegue al C3, descanse un rato y salga junto con el grupo de Jangbu hacia la cumbre. Yo en teoría tenía que llegar aproximadamente cuando ellos salían, descansaría un par de horas y luego les daría alcance de manera que tratemos de llegar juntos a la cumbre.

Hicimos como estaba planificado. Rafael salió a eso de las 5 de la tarde y yo a eso de las 9 de la noche. Nos esperaba el mayor esfuerzo de nuestras vidas, y más para Rafael que era su primera vez a esa altura. Yo tampoco había subido a 8.000m directamente desde 5.700m, y peor sin aclimatar.  Nos enfrentábamos a situaciones y un terreno desconocido. Eran ya las 21h00. Así que inicié mi ascenso, caía una pequeña nevada que en ocasiones el viento hacía que golpee como pequeñas piedras sobre el rostro. Subía muy bien, ahorrando toda la energía posible para el final. Ya encaramado en la rampa que lleva al C3, pude oír el sonido de una tos muy familiar, era Rafael, él subía muy bien, pero su tos lo detenía a cada instante, pronto lo alcance. Me recomendó un ritmo para que yo suba y el también continuó a su ritmo. Era una rampa bastante empinada en ocasiones alcanzaba los 60 grados con pasos aéreos muy expuestos. Yo subía con mi ritmo muy bien, pienso que en cosa de hora y media alcancé ya el C3 a 7400m. Llegué impecable, no podía creer, como que no hubiera hecho nada, quería agradecer a Rafael por toda la preparación que me ha dado en estos dos años.

Realmente yo hubiera preferido continuar subiendo, pero tenía que esperar ahí como habíamos planificado. El día anterior habían llegado por primera vez los primeros montañistas al C3 en esta temporada, de manera que no estaba abierta la ruta a la cumbre todavía. Esa madrugada se iba a abrir la ruta a la cumbre por primera vez y al mismo tiempo distintos montañistas iban a atacar la cumbre. De manera que yo no me podía aventurar a querer abrir la ruta ni nada por el estilo y peor sabiendo que estaba sin aclimatación, así que definitivamente tenía que esperar en el C3.

Campamento 3 visto desde 7800m.


LA PEOR NOCHE DE MI VIDA

Así entonces entré a la carpa de Jangbu, me recosté y esperé que pase rápido el tiempo y que llegue el momento de continuar subiendo. Dentro de la carpa poco a poco empecé a sentir la falta de oxígeno y los estragos de sus efectos, como no estaba en movimiento, pronto empecé a congelarme con los 13 grados bajo cero dentro de la carpa. Intentaba dormir, la falta de aclimatación hacía que constantemente caiga en unos ahogamientos desesperantes, respiraba lo más profundo que podía y parecía que no ingresaba nada de oxígeno, a esto se sumaba  el frío penetrante. El tiempo parecía que no pasaba, además, como llegué a media noche, la carpa estaba con todo el equipo de Jangbu y su amigo esparcido por todo lado y me hicieron recostar sobre unas mochilas y otros equipos que nunca vi, sin arreglar nada.

Yo no sabía sobre que estaba recostado, había objetos puntiagudos y creo había un termo abajo de mi espalda que hacía que mi cintura esté más alto que mi pecho y este a su vez creo estaba sobre una cuerda y mi cabeza estaba medio en el aire. Yo no podía estar moviéndome mucho, tenía que dejar descansar a Jangbu y su amigo que ya con mis ahogos y respiraciones desesperadas tenían suficiente. ¡Un martirio! ¡Qué pase el tiempo pronto por favor! ¡Ya quiero salir de aquí! ¡Qué frrrio hijo de…! ¡Nunca me había sentido tan espantoso en mi vida! Y todavía faltaba dos horas ¿Qué hago? Me estoy congelando. Me estoy ahogando. Y estoy sobre una cama de faquir, con distintos objetos que me clavaban en la espalda. Pude encontrar mi arnés con los helados mosquetones que me sirvieron un poco como almohada. Bueno, las horas más largas  tortuosas y desesperantes de mi vida, ni el ipod me ayudó en esos momentos, en esa angustia no tenía voluntad de buscarlo en mi mochila. La peor agonía por la que he pasado en mi vida y el tiempo no pasaba.

Ahora que estoy escribiendo estos renglones en mi Laptop sobre mi amado mueble de lectura en la seguridad y calor de mi casa, parece que me volviera a ahogar en la falta de oxígeno y desesperación al recordar esos momentos. ¡Fue realmente terrible!

Despúes llegó Rafael y tuvimos que acomodarnos como sea y a mis ahogamientos y desesperaciones por falta de oxígeno, se sumaron los de él a lo que para perfeccionar el malestar completo él complementaba con su tos. Estábamos metidos en una lata de sardinas, sin opción a movernos. Él creo que estaba haciendo de cabecera los crampones de Jangbu, pero él estaba tan concentrado en su tos y ahogamientos que no le importó sobre qué estaba apoyada su cabeza. ¡Perfecto!

Paso expuesto a 7.800m

UNA PÓCIMA MÁGICA

Bueno, después de un par de horas de ese calvario, llegó el momento en que Jangbu se levantó, con lo que tuvimos más espacio en nuestra cama de faquir. Luego de unos momentos él hirvió agua y nos dio una de las pócimas más fantásticas que yo había probado en toda mi vida, era una ¡alucinante tasa de café caliente! Lo más sensual, seductor y atractivo que había yo recibido jamás en mi vida, misma que a cada bocado hacía revivir mi congelado sistema y parecía devolverme la vida. Después de ese mágico café que me revivió, estaba listo yo para salir a atacar la cumbre.  Así, salí de esa lata de sardinas a estirar mi estropeado cuerpo. Otros montañistas ya iniciaron su ascenso, yo tuve que esperar como una hora hasta que Jangbu prepare todo.  Mientras esperaba parado afuera se me congeló por primera vez en mi vida el pie a un punto que sentía cómo la sangre se cristalizaba, un dolor penetrante. Perdía sensibilidad. Empecé a desesperarme. Quería sacarme la bota y meterme el dedo grande del pie en la boca para calentarle, pero eso era un tremendo trámite. Empecé mejor a moverme para calentar mi cuerpo que se estaba congelando con los 18 grados bajo cero.

Bueno, finalmente llegó el momento de iniciar el ascenso. Haciendo un balance, pienso que fue bueno descansar un par de horas en el C3, pero a cambio de ese pequeño descanso, recibí la peor paliza que he recibido en mi vida. Realmente agradecí a la vida cuando estaba nuevamente en movimiento escalando la montaña. Parece ser que mi cuerpo en movimiento se adapta más rápido a la altura que estando en reposo. Estaba nuevamente en onda, abrigadito, escalando. Mi sistema se había estabilizado.

EL ATAQUE A LA CUMBRE

Rafael había dicho que se queda descansando un rato más. Yo subía muy bien. La diferencia con mis anteriores ascensos al Everest, Cho Oyu y Manaslú, era grande. Sentía que estaba intacto, enterito. Después de un par de horas de ascender tranquilo y calentar motores, sintiéndome extraordinariamente bien, empecé a acelerar. Éste era el momento. Ahora era cuando podía alcanzar velocidad de despegue y luego de crucero. Estaba a 7600m. ¡Impecable! Ese día habían unos 16 escaladores, todos con oxígeno. Yo los rebasaba sin problema. Ya alcancé los 7.800m. y sentía que podía volar. ¡Rebasaba a los Sherpas que subían con tanque de oxígeno! Los escaladores se sorprendían al ver como me adelantaba y sin usar oxígeno suplementario, todos sabían que estaba haciendo un ascenso alpino. Para mi era un gran orgullo, especialmente porque la mayoría no decían mi nombre sino ¡Ecuador! Entonces era “Ecuador” quien subía vertiginosamente sobre la escarpada arista que lleva a la cumbre de una de las montañas más altas del mundo. A 7.800m ya había rebasado a quien me profetizaba que me iba a quemar al llegar al C2 y me decía: “Estás hecho un monstruo”. Así, ya llegué a la úlitma arista que lleva  a la cumbre. Inclusive tuve suficiente energía para darle más fuerte. ¡Un performance excepcional! Estos dos años de entrenamiento habían valido la pena, estaba volando a 8.000m y sin aclimatación. Así llegó el amanecer. En el fondo podía ya divisar el Everest.  Sabía que estaba correcto, sabía que estaba yendo “Con pasos firmes a mi súper objetivo, subir el Everest en 1 día”.

Vista del Himalaya desde 8000m

El panorama que se descubría ante mí era simplemente estremecedor, la Cordillera del Himalaya en todo su esplendor, colosales y escarpadas paredes frente a mi. Después de un pequeño paso delicado me encaramé ya en la arista que lleva a la cumbre. Aquí, por primera vez, en este ascenso lloré y quería llamarle en ese instante a mi hermana Susy que estaba al tanto de lo que estoy asciendo. Pero decidí esperar hasta llegar a la cumbre. Así con un magnífico ritmo seguía ascendiendo. Veía como cada vez me acercaba más y más a la cima. En mis anteriores 8 miles, los últimos metros me costaban tremendo esfuerzo y parecía no acercarme nada a la cumbre. Ahora sentía la potencia de mis músculos y la fuerza con la que subía, mi sistema aeróbico, pulmones y diafragma trabajando a toda máquina. Nuevamente se me iban las lagrimas de la emoción de saber y sentir que la estrategia de entrenamiento que hicimos con Rafael rebasaban todas nuestras expectativas, y de ratificarme a mi mismo lo que siempre promulgo:

No importa que tan grande es el sueño que uno tenga, lo importante es soñar, prepararse, ser disciplinado, constante y luego ser determinado y perseverar hasta conseguirlo..

Y yo, allá arriba, por encima de 8 mil metros, estaba consiguiendo hacer realidad un reto de talla mundial, que muy pocas personas en el mundo, tal vez las podría contar con los dedos de mi mano, podrían alcanzar lo que yo estaba alcanzando.

Patricio Tisalema, cumbre Shishapangma 8013m

Y así continuaba, ya veía la cumbre. Veía el gran esfuerzo de los otros escaladores que quedaban detrás mi. De esta manera fui llegando a la cumbre. Un escenario extraordinario, los gigantes del Himalaya todos frente a mi, ¡Era sensacional!  Y al lado norte, en lontananza: “El Everest”. Lo saludé muy humildemente y le conté que me he estado preparando por tres años para esto y que en 6 meses estaría por ahí. Le pedí que me permitiera llevar a cabo esta empresa, de la misma manera que lo hice hace 7 años cuando lo vi por primera vez, desde la cumbre de mi primer 8 mil el Mt. Cho Oyu. Luego, lógicamente, con gran orgullo saqué nuestra bandera. Muy humildemente sentía que había hecho un ascenso soberbio. Por supuesto hice mi rito de agradecimiento a la montaña por darme el honor de estar ahí, a la vida por ese indescriptible momento, a mi equipo de apoyo, y a todos ustedes que han estado conmigo en ésta gran jornada. Luego de esto inicié el descenso.

En el siguiente relato, El imprecionante ascenso de Rafael, así como las peripecias al límite por las que tuvimos que pasar en el descenso…